Uno de los factores determinantes en la experiencia que tenemos en la relación con nuestros hijos frente a una actitud, una conducta y la expresión de sus emociones que nos genera tensión, está frecuentemente asociado a la interpretación y/o supuestos de lo que les sucede.
Es por esto, que es muy importante tener consciencia y claridad de cual está siendo nuestra emoción al momento de relacionarnos con nuestros hijos.
Por ejemplo, si estamos relajados en la playa de vacaciones, lo más probable es que nuestras interpretaciones y nuestras respuestas sean coherente con esta emoción de bienestar y relajo, pero si llegamos a nuestra casa del trabajo y tenemos que llegar a cocinar , revisar tareas y demases, lo más probable es que nuestras emociones y nuestras reacciones sean distinta también, interfiriendo estas la relación y el disfrute que queremos con nuestros hijos.
Así, el contexto determina el cómo nos sentimos y la reacción con que abordamos las situaciones .
El beneficio de tener la claridad de nuestras propias emociones es que podemos interpretar las reacciones de nuestros hijos en un contexto determinado y no atribuírselas a ellos, porque es ahí donde se corre el riesgo de pensar que son “oposicionistas, porfiados, manipuladores” y todas las etiquetas que muchas veces escuchamos de los niños cuando tienen alguna conducta o muestran una emoción que nos genera incomodidad y tensión.
Para explicar un poco más te recomiendo el siguiente video realizado por Circle of Security organización experta en intervención temprana.